¿Por qué los niños no son como los de antes?

Captura¿Has escuchado o te has encontrado diciendo que los niños ya no son como antes?. Comentarios como: “antes los niños obedecían, se portaban bien y no rezongaban, había respeto”, ¿te suena familiar?.

En la actualidad llega a suceder que ante el comportamiento “malo” de un niño (incluso, ante un niño que está jugando o gritando de emoción), personas ajenas o de la misma familia meneen la cabeza, hagan algún gesto de desaprobación o digan en voz alta: “estos niños ya no se comportan como antes”, pero nos hemos puesto a pensar ¿por qué sucede esto? y sobre todo ¿por qué esperamos que se porten como antes?

Los tiempos han cambiado enormemente en los últimos años. Algunos de los factores que pueden dar explicación a esta pregunta incluyen: hogares destruidos, exposición excesiva a tecnología, niños más tiempo fuera de casa lejos de sus madres desde muy temprana edad, madres que tienen otras actividades, tiempos donde es necesario contar con dos ingresos, padres y madres solteras que tienen que buscar el sustento para cubrir las necesidades más básicas. Los factores pueden ser muy diversos.

El Dr. Rudolf Dreikurs tuvo una teoría que puede explicar de manera más clara la diferencia entre los niños de antes y los de ahora. Una de las grandes transformaciones es que los adultos ya no dan a los niños un modelo de sumisión y obediencia, los niños de ahora no actúan como los de antes porque tampoco los adultos de ahora actuamos como los de antes.

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En los viejos tiempos, lo más normal y socialmente aceptable era la obediencia, la sumisión, ya fuera desde el poder que ejercía el jefe al empleado o padre de familia, de este a la madre, de la madre a los hijos, del hermano mayor al menor; del padre hacia todos los miembros de su familia. En la mayoría de los casos lo que decía el padre era indiscutible e incuestionable, simplemente se hacía.

Los movimientos de Derechos Humanos contribuyeron a estos cambios de manera positiva. Grupos minoritarios participan activamente en defensa de sus derechos de igualdad y dignidad. Hoy en día es difícil comprender que alguien acepte un papel de sumisión así como indignante que una persona ejerza su poder o “autoridad” para someter a otros. Los niños siguen los ejemplos que les rodean y no se trata de insolencia sino de justicia e igualdad, también merecen ser tratados con dignidad y respeto.

Otro cambio que señalaba Dreikurs es que los niños tienen pocas oportunidades de aprender responsabilidad y motivación. En muchas ocasiones se les da demasiado en nombre del amor, se sustituye tiempo con obsequios que muchas veces ni siquiera piden o sin que hagan el menor esfuerzo para obtenerlo. El entrenamiento de habilidades se descuida o se evita (porque hay alguien más que lo haga por ellos, ya sea papá, mamá, algún familiar, la nana, etc.). Muchos padres no comprenden que el enseñar a los niños a contribuir les ayudará a desarrollar un sentido de la capacidad, de responsabilidad, de autonomía y de habilidades para su futuro. Los niños que crecen en ambientes demasiado estrictos o permisivos no desarrollan responsabilidad, esto se aprende cuando tienen la oportunidad de contribuir, de cooperar.

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Con estas dos grandes trasnformaciones, Dreikurs nos explica a grandes rasgos por qué los niños “no son como los de antes”.

Existe una creencia popular de que los niños de antes se portaban bien GRACIAS a que se les “disciplinaba” con una “buena nalgada o cinturonazo a tiempo”, hoy en día mucha gente piensa y justifica que ESE ES EL REMEDIO que necesitan los niños de hoy para ser “bien portados”, para ser “personas de bien y exitosas”. Resulta increíble que, en tiempos donde se denuncie la violencia hacia diversos grupos y especies, se justifique y promueva la violencia contra los niños como método de crianza o como un asunto de orden familiar con la frase “cada quien sabe cómo educa a sus hijos”.

El modelo de crianza “firme” (autoritario, punitivo) puede incluir malos tratos físicos, psicológicos, emocionales. Desde nalgadas, zapes, empujones hasta “cinturonazos” o cosas peores; palabras que hieren, humillan y minimizan… la lista es interminable.

Hay quienes dicen: “mucha gente pasó por eso y hoy están bien”, tal vez parezca que así es, no sabemos qué creencias hayan desarrollado de sí mismos y del mundo que les rodea al haber crecido de esa forma. También hay quienes aceptan que no fue la mejor manera y quieren cambiar patrones. La forma en que fuimos criados y tratados desde niños afecta a nivel inconsciente y a partir de ello generamos decisiones de vida también inconscientes, ello se refleja y repercute en nuestro día a día, en nuestra relación con los demás, con nuestra pareja, en el trabajo, en la sociedad, en todo lo que hacemos y en la forma en la que nos conducimos y percibimos.

“Una consecuencia del maltrato en la infancia es que cuando esos niños y niñas crecen, muchos de ellos no ven, no son conscientes que ejercer violencia, la naturalizan”… “Naturalizar la violencia es la principal vía de perpetuación de ésta …”

Álvaro Pallamares

    Psicólogo Clínico Infantil

No se trata de generar controversia, juzgar o culpar a los padres, sabemos que hicieron su mejor trabajo, ellos tampoco nacieron sabiendo cómo educar o que los métodos que seguían no eran los más adecuados, lo hicieron repitiendo patrones familiares generacionales; no se trata de dudar del amor hacia sus hijos pero también es en nombre de ese amor que muchas veces erramos.

“En la parentalidad no hay personas buenas o malas sino buenas o malas prácticas parentales, que favorecen u obstaculizan el desarrollo infantil”.

Gaudencio Rodríguez

Psicólogo y Psicoterapeuta

¿Estamos convencidos de que al pegarle a un niño aprenderá a no pegar?, ¿De que al gritarle aprenderá a no gritar?, ¿Que al decirle a todo que “¡NO!” aprenderá límites y responsabilidad?, ¿Qué aislándolo en una sillita aprenderá a reflexionar sobre lo que hizo mal?, ¿Qué al darle un premio o un castigo aprenderá a distinguir lo correcto de lo incorrecto y a auto controlarse?.

¿Qué pasará si tratamos de entender qué es lo que le motiva a comportarse de tal forma?, ¿qué pasará si en vez de ser punitivos o permisivos somos firmes y amables al mismo tiempo?, ¿qué pasará si en vez de decirle que NO a todo lo que haga le enseñamos lo que SÍ puede hacer?, ¿qué pasará si quitamos premios y castigos, y damos en cambio la oportunidad de desarrollar la responsabilidad y descubrir lo satisfactorio de hacer una buena acción o un logro sin buscar premios, sin temer al castigo o sin depender de una aprobación externa?, ¿qué pasará si en vez de callarlo lo invitamos a reflexionar?, ¿y si en lugar de hacer sentir mal a un niño para que se porte bien lo alentamos para que se sepa capaz, valioso, importante y lo invitemos a cooperar?, ¿qué pasará si en vez de enfocarnos en los problemas buscamos soluciones?, ¿qué pasará si vemos los errores como maravillosas oportunidades de aprendizaje?

Actualmente, a diferencia de “los viejos tiempos”, tenemos acceso a información y estudios valiosos que nos explican por un lado, los beneficios de la crianza con apego, de la crianza firme, amable y respetuosa, así como el daño que puede ocasionar el uso de la violencia física, psicológica o emocional (por mínima que parezca ser ante nuestros ojos) como método de crianza para el desarrollo de una persona. El uso de esos métodos puede detener de momento una conducta indeseada, pero a largo plazo desarrollarán otros tipos de conductas también indeseadas, ideas erradas de sí mismos, conductas de riesgo o auto destructivas, sumergiendo a padres e hijos en luchas de poder.

Los tiempos que vivimos no son como los de antes, valdría la pena hacer un ejercicio de reflexión para evaluar cómo esas transformaciones que mencionaba Dreikurs y los métodos de crianza han influido para la realidad en que vivimos, valdría la pena contemplar que necesitamos volver a tratarnos con respeto, incluyendo y sobre todo, a la niñez.

La teoría de Dreikurs nos explica los cambios, pero también nos muestra que el panorama es alentador, creando conciencia y al tomando acciones podemos compensar esos cambios, podemos prever y eliminar algunos problemas causados por hogares destruidos, entre otros. Siempre es tiempo de prepararnos para la tarea más importante: ser padres. Siempre es tiempo de re aprender de una crianza respetuosa que proporcione relaciones saludables en la familia, conexión, crecimiento físico, psicológico y emocional sano, cooperación, responsabilidad, auto-control, desarrollo de habilidades de vida.

En la medida en que sigamos perpetuando la mano dura como forma de crianza perpetuaremos también una sociedad dura, los niños imitan lo que ven. La forma en que los tratemos y criemos es como se comportarán con los demás y lo que darán a la sociedad. Formemos pues, parte del cambio que nuestros hijos necesitan para que el mundo donde vivan sea uno de relaciones más sanas, respetuosas y justas, si eso es lo que aprenden desde la infancia, será lo que promoverán y demandarán de adultos, los principios y herramientas de la Disciplina Positiva nos dan las herramientas para lograrlo.

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