Querida Mamá del niño que se niega a participar.

Por: Susie Johnson de “Not your average Mom” boy-sitting-on-sideline

Querida Mamá del niño que se niega a participar.

Te vi el otro día…

Te vi perder la paciencia, apretando los dientes, insistiendo, rogando, sobornando, arrastrando.

Cuando estabas embarazada, antes del nacimiento de tu bebé, pudiste haber imaginado que sería un jugador estrella o a tu hija bailando en uno de esos adorables recitales de baile.

Y en cambio, estás aquí sentada, sin saber ya qué hacer… con tu niño inconsolable, tan petrificado que se aferra a ti como si quisiera salvar su vida.

Has intentado cada cosa que se te ocurre para lograr que tu niño se libere del abrazo aferrado a tu pierna para lograr que tan sólo lo intente.

Pero no lo hará. No lo hará…

Miras a todos los otros niños que están participando alegremente. Y piensas “¿Qué está mal con mi hijo?, ¿Por qué no sólo lo hace y ya?”

Empiezas a crear escenarios en tu cabeza y ves a su hijo sentado, solo en banco durante cada partido de baloncesto de la escuela, o piensas que tal vez ni siquiera pertenezca al equipo. Te da miedo pensar que sea el último niño elegido para jugar en equipos… siempre.

Las conversaciones dementes contigo misma comienzan: “Si ella no consigue entrar en esa piscina para aprender a nadar ahora, no habrá manera de que se convierta en una gran nadadora o incluso en una regular. Nunca!”. “¿Qué hice mal?”. “Ella será siempre la última de sus compañeros!”. “Él tiene que participar!…AHORA!!. Quiero decir, él ya tiene cuatro años ..CUATRO!“

Cuanto más tu niño se niegue, más ansiosa y enojada te pones. “¿Qué es lo que te pasa? ¿Puedes intentarlo poooooorfavooooor?”

Y ahora esta actividad “divertida” en la que has inscrito a tu hijo se convierte en una tortura, para los dos. Lo sé. Yo he estado allí.

Cuando mi tercer hijo tenía tres años, le inscribí en un programa de baloncesto. Sería el comienzo para dar el salto perfecto hacia una carrera prometedora como basquetbolista. El entrenador era un joven muy agradable y amable con los niños así que pensé sería el maestro perfecto para mi hijo.

Por desgracia, mi hijo no se dio cuenta de eso. Había otros cuatro niños pequeños en la clase, en el primer día corrieron directo hacia el amable instructor… mi hijo corrió directo hacia mí, durante ocho semanas, nunca participó ni una sola vez.

Y yo, literalmente, había perdido el sueño por esta clase, preocupada porque pensaba que mi hijo de tres años iba a sufrir de alguna manera en el largo plazo.

Tal vez debí haberme centrado más en la forma en que lo estaba haciendo sufrir en ese momento. Él simplemente no estaba listo, y yo no era capaz de ver eso.

Así que en lugar de escuchar a mi hijo, hablé conmigo misma: “El baloncesto es demasiado aterrador para él. Mejor debo hacer que haga algo que le cause menos ansiedad. Lo tengo!: Ataré sus pies a unos zapatos con cuchillas bien afiladas y lo llevaré a una gran pista de patinaje”.

La solución era obvia y divertida, le causaría menos miedo, así que lo apunté a unas clases de patinaje sobre hielo, porque, claro, si él iba a ser un gran jugador de hockey sobre hielo, tendría que aprender a patinar a una edad temprana.

No tengo idea de por qué lo hice, a mí no me gusta el frío y nunca he visto un partido de hockey sobre hielo. No en vano, estaba aterrorizado.

Él tenía sus manos tan aferradas a la mía que se requería de una máquina especial para zafarlas mientras lo llevaba hacia la orilla de la pista de patinaje. Para “darle seguridad” casi lo empujé con mi pie hacia la estrecha entrada.

Él estaba llorando, gritando y suplicando. Pero yo estaba decidida a forzar a mi petrificado hijo de cuatro años de edad para que aprendiera a patinar sobre hielo, el miedo se le tendría que quitar de alguna forma.

Yo tenía mi plan: Cada semana yo le daría unos días para recuperarse del trauma de la lección del sábado, y luego, en martes o miércoles iniciaría con la pregunta: “¿No estás emocionado por tus clases de patinaje?.”

Lo sobornaba con premios como dulces, helados o trajes de superhéroes, películas y todo tipo de basura. Nada funcionaba.

Yo podría tratar de forzarlo todo lo que quería. Él simplemente no estaba listo. En realidad nunca participó en una de esas lecciones de patinaje sobre hielo tampoco.

Todo esto vino a mí mientras te miraba el otro día.

Sé lo que se siente y esto es lo que quiero que sepas:Va a pasar, llegará a ese punto algún día.

¿Cómo puedo saberlo? Bueno, ese niño presa del pánico de tres y cuatro años de edad que intenté motivar a jugar en una cancha y a patinar sobre hielo tiene ahora nueve años de edad.

Es uno de los mejores jugadores de béisbol de su equipo, es un gran nadador, es un jugador de baloncesto con talento que, como me ha dicho su entrenador, tiene un gran tiro libre.

¿Y sabes lo que me dijo la semana pasada?: “Oye Mamá? ¿Puedo tomar clases de patinaje alguna vez? ”

Así que no te preocupes. Sé que es muy difícil ser paciente y es muy fácil preocuparse. Sé que quisieras que suba, brinque, baje y trepe y juegue “como todos los niños” sin miedo… dale tiempo, no lo presiones, confía porque un día estará listo. Puede ser en cinco minutos, puede ser en cinco años, de cualquier manera, siéntate y relájate, tu hijo no se va a perder la oportunidad y cuando esté listo, ten por seguro que te lo hará saber.

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