¿La crianza respetuosa significa dejar que tus hijos hagan lo que quieran?

“¿Qué no hay un lugar y un momento para que un padre o madre esté simplemente “a cargo”? Con este nuevo enfoque, muy a menudo y sobre todo ahora, prácticamente ella hace lo que quiere… yo no quiero que mi hija sea una mocosa incontrolable” Ambar.

Familia

Con frecuencia, los padres se confunden sobre la crianza respetuosa o positiva. Piensan que si dejan de castigar a sus hijos éstos serán incontrolables y harán lo que quieran. Pensar así es asumir que sólo existen dos opciones: ser permisivo o ser punitivo (autoritario). ¿Qué pensarías de conservar tus expectativas y al mismo tiempo ofrecer apoyo y comprensión a tu hijo?

Supongamos que le dices a tu hija que es hora de ir a la cama, ella te ignora y te dice “¡NO!”, ¿cuáles son tus opciones?

  • Amenazarla o castigarla (lucha de poderes, gritos en escalada, arruinando la noche para todos y dañando la relación con tu hija)
  • Permitirle que haga lo que quiera. (Te debates entre lo que es bueno para ella y para el resto de la familia, crees que con el tiempo ella sola aprenderá, hasta que un día explotas. No es exactamente una paternidad pacífica o responsable)
  • Estableces límites, con empatía. Dices “Veo que quieres seguir jugando, lo puedo comprender, es difícil de parar. Apuesto que cuando seas mayor jugarás toda la noche, todas las noches, verdad?. Ahora es momento de prepararte para ir a la cama, ¿quieres ir volando como avión hasta el baño o subirte a mi espalda y galopar como caballo hasta ahí?”

Un padre que educa con crianza respetuosa no es el huye del desacuerdo. El conflicto forma parte de cualquier relación humana. Los niños aprenden poniendo a prueba los límites, y tu hijo no va a entender por qué es tan importante bañarse AHORA MISMO. Así que los padres necesitan establecer límites y expectativas casi constantemente.

Un padre que educa con crianza respetuosa aprende y busca regular sus propias emociones constantemente, de manera que pueda mantenerse amorosamente conectado mientras establece esos límites y lidia con esos desacuerdos. Eso es lo que crea un hogar mucho más pacífico. Eso es lo que ayuda a que tu hijo QUIERA seguir tu guía, y eso es lo que ayuda a los niños a gestionar sus emociones así como a controlar su comportamiento y querer hacerlo!.

Así que los padres respetuosos están más “a cargo” que la mayoría de los padres. Están a cargo de sus propias emociones y por lo tanto, del estado de ánimo de su hogar. Eso les permite ser mejores guías para sus hijos.

Por supuesto, seguirá habiendo ocasiones en las que tu hijo conseguirá “hacer lo que quiera”. A menudo será porque apruebas lo que está haciendo. A veces podrá ser que realmente quiera algo, y decides que puedes vivir con los resultados, como por ejemplo tener una mesa para jugar con arena en casa. Incluso algunas veces será algo que vaya en contra de tu mejor juicio, pero será porque tú y tu hijo decidieron darse la oportunidad, como construir un castillo de arena en un recipiente plástico en la cocina. Y sí, algunas veces le dejarás hacer cosas simplemente porque estás sujetando al bebé y no puedes intervenir, porque no tienes la energía para entrar en una discusión o porque has observado que tu hijo está desarrollando habilidades para resolver problemas y no tienes que decirle que limpie porque simplemente lo hará por iniciativa propia. Así que tú decidirás que no será tan grave barrer algo de arena que caiga al suelo mientras juega y que incluso lo pueden hacer juntos. Esto es elegir tus batallas. Pero en ninguno de todos estos casos estás abdicando, simplemente estás tomando una decisión.

La crianza positiva o respetuosa significa que regulas tus propias emociones primero. Después, intentas ver las cosas desde el punto de vista del niño, por lo que generalmente buscarás una solución CON tu hijo, sin que ello signifique dejar que “haga lo que quiera” si realmente consideras que la respuesta debe ser No.

Así que los padres que crían de forma respetuosa SÍ dicen “No”. Lo dicen muchas veces, pero en formas que enseñan y no restrictivas. Y eso no es algo malo para tu hijo, de hecho, esa experiencia de “cambiar el interruptor” entre lo que él quiere y lo que tú le estás pidiendo, es lo que permite el desarrollo de esa parte del cerebro que proporciona a tu hijo auto-disciplina, pero tiene una trampa. Cuando de forma regular los niños se sienten forzados, obligados y empujados, aparece la resistencia, como en cualquier persona. Es por eso por lo que la disciplina externa (en forma de premio, castigo, maltrato) no fomenta la auto-disciplina. Lo elemental es permanecer conectados y compasivos, recordemos que los niños se portan mejor cuando se sienten mejor, cuando tienen ese sentido de pertenencia y significancia, de esa forma serán niños cooperativos en lugar de niños obligados.

¿Significa eso que tu hijo colaborará felizmente siempre, en todas las ocasiones? No siempre. A menudo, todavía pondrá objeciones. Entonces, ¿cómo mantenerte respetuoso y positivo?

  • Mantén la calma. Cuando te veas envuelto en una “lucha o huida”, con seguridad tu hijo entrará en una espiral sin control. Si puedes mantenerte calmado, tu hijo estará mucho más dispuesto a cooperar. Estudios muestran que tan sólo notar tu respiración te mantendrá más calmado y también te ayudará a percibir tus pensamientos, y replantearlos si es necesario. Por ejemplo, “¿Por qué me está haciendo esto? ¡No puedo más!” puede convertirse en: “Está actuando como una niña porque es una niña y quiero entender qué detonó su comportamiento… Yo soy el adulto aquí… Pase lo que pase, puedo manejarlo“.
  • Empatiza. Valida sentimientos y emociones, si tu hijo se siente comprendido, estará mucho más dispuesto a aceptar los límites y responderá todavía mejor si lo involucras en definir juntos cuáles serán los límites. “Desearías de verdad hacerlo…”, “Entiendo, estás muy decepcionado…”, “Sé que esperabas que…”.
  • Recuerda que los hijos únicamente aceptan nuestro liderazgo por la relación que tenemos con ellos. Si se resisten o nos desafían, es signo de que necesitamos enfocarnos en conectar con ellos. Si tu hijo frecuentemente se niega a cooperar, asegúrate de tener un Tiempo Especial juntos todos los días. Todas las familias de las que sé que han hecho del Tiempo Especial una prioridad, han dicho que su hogar se ha vuelto más pacífico. El punto es no limitarse a leer un libro o hacer galletas juntos, lo que tu hijo necesita es que pongas todo tu amor y atención en él o ella, crear la seguridad para que pueda sentirse confiada de mostrándote todos sus sentimientos que, de reprimirlos, darían lugar a “malos” comportamientos.
  • Renuncia al castigo (y al tiempo fuera, premios, maltratos de cualquier tipo) . Si has estado dando “manazos”, “nalgadas”, “chirlos”, a tu hijo o arrastrándole hasta su sillita o rincón de pensar, puedes estar seguro de que estará menos cooperativo. Y esto es así porque no cree que realmente estés de su lado y puedes estar segura de que tampoco estará “reflexionando” en lo que “hizo mal”. No estará desarrollando la parte de su cerebro que le permite cambiar el interruptor (porque, ¿por qué habría de hacerlo?). Está siendo forzado desde el exterior, por lo que no estará desarrollando la auto-disciplina. Así que cuando le pides que haga algo, no tendrá el control mental o la motivación para cumplirlo, a menos que le amenaces (lo cual muchos padres interpretan como que esos métodos están funcionando).. Si quieres cooperación sin recurrir a los castigos, necesitas centrarte primero en la conexión, para que tu hijo QUIERA seguir tu liderazgo.
  • Busquen soluciones. Enfocarse en el problema no resuelve las cosas, al contrario, puede desatar más desencuentros. Enfocarse en soluciones permite “salirse de la caja” y ver más allá. Desde algo sencillo como no poder escalar hasta la despensa hasta algo más complicado “¿qué puedes hacer para solucionarlo?” Procura no resolverles todo, invita a buscar soluciones o da opciones, busquen el equilibrio entre el problema, las necesidades de ustedes y de la situación.
  • Bienvenida a la crisis. Hay ocasiones en las que simplemente no podrás encontrar una solución en la que todos salgan ganando. No todos los deseos de tu hijo tienen que ser satisfechos. De hecho, a menudo los niños (al igual que los adultos) provocan un enfrentamiento cuando lo único que necesitan es ayuda con sus emociones.

Especialmente si estás en la transición de la crianza autoritaria o permisiva a la crianza respetuosa, tu hijo puede tener berrinche más fuertes o puede parecer que su conducta empeora, tómalo como una señal de que necesita tu ayuda para vaciar su carga emocional o porque está habituado a cómo eran las cosas, a tus reacciones de antes, no te rindas, continúa con paciencia, amor y firmeza y poco a poco las cosas cambiarán, SIEMPRE para bien. Su relación se fortalecerá, su conducta mejorará y disfrutarás más la maternidad / paternidad.

  • Establece límites claros, con firmeza y amabilidad, usa toda tu gentileza. Eso creará en tu hijo la seguridad para mostrarte sus penas y sus temores. Cuando él o ella actúe como si se tratara del fin del mundo, recuerda que los niños más pequeños sienten emociones muy grandes, y sus cerebros no están lo suficientemente desarrollados todavía para procesar sus emociones a través de las palabras. Acepta su decepción con tanta empatía como puedas, incluso si su ira está especialmente dirigida hacia ti, no lo tomes como algo personal.

Tu compasión comunica comprensión, y que sientes sinceramente que tal cosa haya sido tan molesta para él. Será la calma que muestres (no tus palabras) la que comunique que sabes que se trata de sentimientos, los cuales pasarán una vez hayan sido expresados, y que el sol saldrá de nuevo. Experimentar todas esas emociones en la seguridad de tu presencia, y el aprendizaje de poder salir adelante a pesar de ello es cómo tu hijo desarrollará la resiliencia.

Recuerda que estar a cargo significa que actúas como un líder, no como un dictador. Los buenos líderes no obligan, no maltratan, no sobornan, lideran dando ejemplo, también se equivocan pero reparan y salen adelante con mayor aprendizaje. Escuchan, tratan de buscar un equilibrio entre las necesidades de todos, y protegen. Estar a cargo significa que tomas la responsabilidad de proporcionar un ambiente amoroso y seguro. No significa que necesites ser controlador o punitivo.

  • Tómate tiempo para procesar tus emociones sobre cómo han sido tus experiencias sobre otros padres “a cargo.” Por ejemplo, si tus padres fueron muy estrictos, puedes tener el temor de que no estarás “a cargo” a menos que controles todos y cada uno de los movimientos de tu hijo. O tal vez no quieras repetir ese patrón, y por ello no establezcas límites. Eso no ayuda a tus hijos, y lo más probable es que termines recurriendo a los gritos y a todos los recursos que querías evitar cuando finalmente las cosas se te vayan de las manos. Los niños sin límites nos empujan hacia a nuestros propios límites.

Si, en cambio, nos permitimos a nosotros mismos sentir todas emociones de la infancia sobre lo solos que nos sentimos entonces, lo que nos dolió, lo que nos entristeció… entonces ya no nos controlarán más. No recurriremos a la lucha de poder o huida cuando nuestros hijos estén enfadados. Somos libres para establecer límites y guiar a nuestros hijos con empatía. Cuando nos dejemos ir todo eso, podremos abandonar el sentimiento de culpa, intensificar nuestro auto-cuidado, y volver a conectar con nuestro niño..

Dejar que los niños hagan todo lo que quieran no sería bueno ni para ellos, ni para nosotros. Pero lo maravilloso de establecer límites empáticamente es que éstos ayudarán a que nuestros hijos QUIERAN cooperar.

Así llegarás a ser más pacífico.


Traducido y adaptado del artículo “Does Peaceful Parenting Mean Letting Kids do Whatever they Want?” Dr. Laura Markham, fundadora de AhaParenting.com

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¿Por qué hacen tantas preguntas los niños y niñas?

Llega un momento en que todo papá o mamá se encuentra ante un constante bombardeo de preguntas, si además de las preguntas tu hija habla todo el tiempo, bueno… seguro coincidirás en que a veces no puedes escuchar ni tus pensamientos, sin embargo es importante no perder la paciencia y saber que en esta etapa de desarrollo, como en todas, nuestra disposición y guía son determinantes para la forma en que nuestros hijos se relacionen con el mundo a lo largo de su vida .

Your Preschooler's Toughest Questions Answered_2

Pero ¿Por qué hacen tantas preguntas?.

La etapa de las preguntas suele aparecer a partir de los tres años de edad, en esta etapa el lenguaje experimenta un gran desarrollo que les permite pedir y dar información, expresar dudas, sentimientos, y seguir conversaciones. Por más desesperante que nos pueda parecer, no debemos perder de vista que se trata de una fase normal e indicativa de que el lenguaje y el pensamiento de tu hij@ se desarrolla adecuadamente.

Los niños y niñas tienen una necesidad incansable de exploración, manipulan objetos, se los llevan a la boca, observan e investigan su entorno y cuando aparece el lenguaje, aparecen también las preguntas que significan una nueva forma de conocer e investigar su entorno.

Para poder manejar adecuadamente la comunicación, evitar la frustración y conservar la paciencia  es muy útil para los padres saber que esta, como cualquier otra etapa, es parte de un proceso natural y necesario para el desarrollo de nuestros hijos.

¿Qué podemos esperar? CR98_001_0006_02EC

Preguntas, preguntas y más preguntas, que pueden ser absurdas, agobiantes, ocurrentes o también un reto para nuestro conocimiento y habilidad de respuesta.

Seguramente harán la misma pregunta una y otra vez, les gusta la repetición, que la información que están recibiendo se confirme una y otra vez, la práctica de reafirmar que a determinada pregunta le corresponde siempre la misma respuesta les da seguridad. Desde este punto podremos ver que no hay razón para enfadarnos, pensar que lo hacen por necedad o porque no entienden lo que les decimos.

Child-Actor-Question.jpg.625x487_q100¿Qué habilidades desarrollan? 

Siendo el lenguaje una nueva herramienta para ellos querrán practicarla, a través del lenguaje ejercitan su habilidad para preguntar y responder, imitan entonación, ritmo de las frases, palabras, conceptos nuevos, habilidades de comprensión al procesar la información que el adulto le da en sus respuestas.

En su mente todo tiene un origen y una finalidad, todo tiene que tener un motivo, una razón, para ellos no existe la casualidad por lo que las preguntas les ayudan a ordenar, a entender, a ampliar su mundo y la comprensión del mismo.

¿Cómo debemos actuar los padres en la fase de las preguntas? kids-asking-parents1

En el entendido de que es una etapa normal de desarrollo, es muy importante la participación de los padres cuando los niños entran en esta fase. Se dirigen normalmente a nosotros porque somos el intermediario o la guía a través de la cual pueden obtener explicación de la realidad que van conociendo. La forma, actitud y disposición con que respondamos influirá de manera determinante en cómo se relacionen con el mundo a lo largo de su vida.

Lo más recomendable es responder con naturalidad, de forma sencilla, amena e interesante; con lenguaje y ejemplos adaptados a su nivel de comprensión, sin mentirles y estando conscientes de lo que puedan asimilar.

Gradualmente podemos dar mayores explicaciones y preguntarles si quedó claro lo que quisimos decir, en su caso, podemos reconocer que no sabemos todo, que no tenemos todas las contestaciones a sus dudas respondiendo por ejemplo con un: “no lo sé, pero podemos investigar juntos para encontrar la respuesta”.

Los niños entenderán cuando le digamos que no sabemos algo o haya preguntas que queden sin contestación, lo más importante es que el niño sabrá que las preguntas tienen respuesta y aunque no se tenga en ese momento, existe la capacidad de buscarla.

Siempre que sea posible, podemos aprovechar para dar nueva información en la respuesta, enseñar nuevas palabras y conceptos favorecerá la capacidad de observación, de curiosidad y enriquecimiento de vocabulario.

También podemos hacerles preguntas, de esta manera fomentaremos la comunicación, que ellos pongan en práctica la capacidad de dar información y poder maravillarnos con su capacidad de lógica y razonamiento, ingenio y respuestas que tal vez no habíamos considerado.

¿Qué debemos evitar?

Ignorar, ridiculizar, menospreciar la pregunta y sobre todo evitar hacerlo con tu hijo, con la persona. (“Esa es una pregunta tonta”, “Qué tonto eres”)

Al cortar la comunicación con tonos de fastidio o desagrado (“¡¿ay ahora qué!?”, “ya vas a fastidiar otra vez”, “pero qué necio”, “qué pesado eres”, “ya cállate”), cortamos también su impulso natural del desarrollo de su inteligencia. Ridiculizar, ignorar o castigar por preguntar puede conducir a crear timidez o inseguridad en el niño, puede desarrollar una falsa creencia sobre sí mismo, problemas de adaptación, sentido de incapacidad, conformidad o fracaso escolar.

No siempre podrás responder, pero es mejor decirlo sin desanimarlo a preguntar, puedes pedirle que necesitas de su ayuda para que espere mientras termines lo que estás haciendo o que más tarde tendrán un tiempo juntos para platicar y volver a las preguntas.

Dejar siempre abierta la línea de comunicación es muy importante, animarlos a preguntarnos les ayudará a desarrollar su inteligencia y lenguaje, en esta etapa de las preguntas puedes sentar las bases para una buena comunicación y una relación de confianza a largo plazo con tu hijo.

Así que a armarse de paciencia y de herramientas creativas que ayuden a fortalecer su habilidad de lenguaje y la relación entre padres e hijos.

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Querida Mamá del niño que se niega a participar.

Por: Susie Johnson de “Not your average Mom” boy-sitting-on-sideline

Querida Mamá del niño que se niega a participar.

Te vi el otro día…

Te vi perder la paciencia, apretando los dientes, insistiendo, rogando, sobornando, arrastrando.

Cuando estabas embarazada, antes del nacimiento de tu bebé, pudiste haber imaginado que sería un jugador estrella o a tu hija bailando en uno de esos adorables recitales de baile.

Y en cambio, estás aquí sentada, sin saber ya qué hacer… con tu niño inconsolable, tan petrificado que se aferra a ti como si quisiera salvar su vida.

Has intentado cada cosa que se te ocurre para lograr que tu niño se libere del abrazo aferrado a tu pierna para lograr que tan sólo lo intente.

Pero no lo hará. No lo hará…

Miras a todos los otros niños que están participando alegremente. Y piensas “¿Qué está mal con mi hijo?, ¿Por qué no sólo lo hace y ya?”

Empiezas a crear escenarios en tu cabeza y ves a su hijo sentado, solo en banco durante cada partido de baloncesto de la escuela, o piensas que tal vez ni siquiera pertenezca al equipo. Te da miedo pensar que sea el último niño elegido para jugar en equipos… siempre.

Las conversaciones dementes contigo misma comienzan: “Si ella no consigue entrar en esa piscina para aprender a nadar ahora, no habrá manera de que se convierta en una gran nadadora o incluso en una regular. Nunca!”. “¿Qué hice mal?”. “Ella será siempre la última de sus compañeros!”. “Él tiene que participar!…AHORA!!. Quiero decir, él ya tiene cuatro años ..CUATRO!“

Cuanto más tu niño se niegue, más ansiosa y enojada te pones. “¿Qué es lo que te pasa? ¿Puedes intentarlo poooooorfavooooor?”

Y ahora esta actividad “divertida” en la que has inscrito a tu hijo se convierte en una tortura, para los dos. Lo sé. Yo he estado allí.

Cuando mi tercer hijo tenía tres años, le inscribí en un programa de baloncesto. Sería el comienzo para dar el salto perfecto hacia una carrera prometedora como basquetbolista. El entrenador era un joven muy agradable y amable con los niños así que pensé sería el maestro perfecto para mi hijo.

Por desgracia, mi hijo no se dio cuenta de eso. Había otros cuatro niños pequeños en la clase, en el primer día corrieron directo hacia el amable instructor… mi hijo corrió directo hacia mí, durante ocho semanas, nunca participó ni una sola vez.

Y yo, literalmente, había perdido el sueño por esta clase, preocupada porque pensaba que mi hijo de tres años iba a sufrir de alguna manera en el largo plazo.

Tal vez debí haberme centrado más en la forma en que lo estaba haciendo sufrir en ese momento. Él simplemente no estaba listo, y yo no era capaz de ver eso.

Así que en lugar de escuchar a mi hijo, hablé conmigo misma: “El baloncesto es demasiado aterrador para él. Mejor debo hacer que haga algo que le cause menos ansiedad. Lo tengo!: Ataré sus pies a unos zapatos con cuchillas bien afiladas y lo llevaré a una gran pista de patinaje”.

La solución era obvia y divertida, le causaría menos miedo, así que lo apunté a unas clases de patinaje sobre hielo, porque, claro, si él iba a ser un gran jugador de hockey sobre hielo, tendría que aprender a patinar a una edad temprana.

No tengo idea de por qué lo hice, a mí no me gusta el frío y nunca he visto un partido de hockey sobre hielo. No en vano, estaba aterrorizado.

Él tenía sus manos tan aferradas a la mía que se requería de una máquina especial para zafarlas mientras lo llevaba hacia la orilla de la pista de patinaje. Para “darle seguridad” casi lo empujé con mi pie hacia la estrecha entrada.

Él estaba llorando, gritando y suplicando. Pero yo estaba decidida a forzar a mi petrificado hijo de cuatro años de edad para que aprendiera a patinar sobre hielo, el miedo se le tendría que quitar de alguna forma.

Yo tenía mi plan: Cada semana yo le daría unos días para recuperarse del trauma de la lección del sábado, y luego, en martes o miércoles iniciaría con la pregunta: “¿No estás emocionado por tus clases de patinaje?.”

Lo sobornaba con premios como dulces, helados o trajes de superhéroes, películas y todo tipo de basura. Nada funcionaba.

Yo podría tratar de forzarlo todo lo que quería. Él simplemente no estaba listo. En realidad nunca participó en una de esas lecciones de patinaje sobre hielo tampoco.

Todo esto vino a mí mientras te miraba el otro día.

Sé lo que se siente y esto es lo que quiero que sepas:Va a pasar, llegará a ese punto algún día.

¿Cómo puedo saberlo? Bueno, ese niño presa del pánico de tres y cuatro años de edad que intenté motivar a jugar en una cancha y a patinar sobre hielo tiene ahora nueve años de edad.

Es uno de los mejores jugadores de béisbol de su equipo, es un gran nadador, es un jugador de baloncesto con talento que, como me ha dicho su entrenador, tiene un gran tiro libre.

¿Y sabes lo que me dijo la semana pasada?: “Oye Mamá? ¿Puedo tomar clases de patinaje alguna vez? ”

Así que no te preocupes. Sé que es muy difícil ser paciente y es muy fácil preocuparse. Sé que quisieras que suba, brinque, baje y trepe y juegue “como todos los niños” sin miedo… dale tiempo, no lo presiones, confía porque un día estará listo. Puede ser en cinco minutos, puede ser en cinco años, de cualquier manera, siéntate y relájate, tu hijo no se va a perder la oportunidad y cuando esté listo, ten por seguro que te lo hará saber.

¿Por qué a los niños les gusta disfrazarse?

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A casi todos los niños les gusta disfrazarse, no necesitan de una fecha o época en especial para hacerlo. Es una actividad que forma parte de su desarrollo y favorece el juego simbólico, la creatividad y la imaginación.

Es un juego saludable del que podemos aprender.

Jugar a disfrazarse contribuye al desarrollo de los niños, se imaginan una historia, dando rienda suelta a su fantasía, espontaneidad y creatividad. Hasta los seis años, en el mundo del niño reina la imaginación: inventan compañeros de juego, disfrutan creando personajes y recreando situaciones.La fantasía es natural y saludable para el equilibrio emocional de los pequeños siempre que no se pase todo el tiempo en un mundo fantasioso que le haga perder el sentido de la realidad.

Disfrazarse es un método a través del cual los niños expresan sus sentimientos. Es por ello uno de los recursos más utilizados por los terapeutas infantiles para ayudar a los pequeños a vencer los problemas de relación (como la timidez) y los miedos (a los perros, a los fantasmas…). Es también la manera más fácil de enseñarles a ponerse en el lugar de los demás, lo que les ayuda a tener más empatía y a integrarse mejor en el mundo que les rodea.

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Los niños observan atenta y constantemente lo que hacen los adultos, observan detalles de algún personaje de ficción que esté de moda o que les guste por un motivo especial, y se apropian de él, de algunas características o poderes que a veces combinan con las de otros personajes. Imitan sus acciones convirtiéndose en Spiderman, Batman, Elsa, Mérida, un León, un Robot… a través del personaje y con la libertad de ser alguien más, pueden atreverse a hacer cosas nuevas como subir, correr, defenderse, enfrentar temores, relacionarse. Por ejemplo un niño puede tener miedo a los monstruos pero tal vez se disfrace o juegue a ser uno, como una forma de enfrentar y superar ese temor o jugar a ser médico y vacunar a sus muñecos como una forma de asimilar esa experiencia.

Si un niño se disfraza o juega a ser papá o mamá, es recomendable aprovechar la ocasión para observarlo, así podremos tener una idea clara de la imagen que tiene de nosotros, de cómo nos perciben (feliz, triste, autoritario, ausente, amoroso, etc.), nos puede servir para reflexionar sobre alguna conducta que tal vez necesitemos mejorar en nosotros y, en su caso, descubrir cómo se siente en su escuela si juega a interpretar al maestro/a.

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Mientras estén disfrazados o jugando podemos seguirles el juego, admirando, por ejemplo, su valentía o su agilidad. Una vez que acabe o al quitarse el disfraz, terminará también la fantasía para ayudarles a distinguir la realidad de la imaginación. Por ejemplo si no se quieren lavar los dientes no pueden decir que en su lugar usarán una varita mágica o sus súper poderes, habremos de decirles que no, que hay que usar el cepillo dental.

¿Es mejor comprar un disfraz o hacerlo en casa?

La decisión podría depender de la habilidad, posibilidad económica o del tiempo. Muchos niños y padres prefieren la idea de elaborar el disfraz en casa, para economizar o como una forma de fortalecer la convivencia y creatividad con sus hijos.

Los niños poseen una gran imaginación, por ello no requieren de disfraces muy caros o elaborados, muchas veces pueden usar un saco de papá o zapatos y accesorios de mamá para jugar, usar una tiza o cambiar el tono de voz para jugar a la maestra.

Jetpack3Tener en casa una caja con elementos sencillos (sombreros, collares, capas, corbatas, pelucas) puede ser de utilidad para que se disfracen de lo que quieran y así desarrollen su creatividad e imaginación. Muchas veces no requieren más que adoptar gestos para interpretar un personaje, pero tener elementos para disfrazarse siempre será divertido.

No hay que alarmarse si las niñas elijen un disfraz de súper héroe o si los niños elijen portar un collar rosa. Por ejemplo si un niño empezara a usar algunos accesorios de su hermana menor, a balbucear como bebé, probablemente esté representando la llegada de una hermanita como un proceso de aceptación.

¿Qué pasa si no les gusta disfrazarse?nina-triste-2

No a todos los niños les gusta disfrazarse y en ese caso es mejor no obligarlos, sobre todo si son pequeños. Pueden tener temor a lo desconocido, a algún disfraz o por vergüenza, porque no quiere llamar la atención.

Recomendaciones para cuando tu hijo asista a una fiesta de disfraces:

  • Un niño nunca debe verse obligado a disfrazarse, se tiene que sentir cómodo y seguro, nunca forzado, avergonzado o con miedo.
  • El disfraz debe ser elegido a gusto del niño siempre que sea posible, para que sea una actividad divertida que ellos disfruten.
  • Si se trata de un disfraz para una fecha específica, puedes darle opciones limitadas y que él/ella elija.
  • Unas semanas o días antes, puedes proponer que se ponga el disfraz en casa para que se vaya acostumbrando a él.
  • Si se reúnen a jugar con amigos, puedes proponer que vayan disfrazados para que se habitúe a ver a otros con un aspecto diferente, pero evita hacer comparaciones, (“mira a tu amiguito, no le da miedo”, “mira cómo él sí se deja”), el punto es hacerlo sentir cómodo y que adquiera confianza.
  • Si muestra miedo, puedes intentar disfrazarte con accesorios que tengas a la mano, haciéndolo frente al niño para que vea el proceso de transformación y que le sea fácil reconocerte.
  • Pueden sentirse más cómodos con disfraces que le permitan tener la cara al descubierto.
  • Si continúa negándose es mejor no obligarlo, puedes decirle que llevarás el disfraz por si decide cambiar de opinió

Un disfraz debe ser cómodo y sencillo, si a tu hijo prefiere mezclar prendas evita reprimirlo o avergonzarlo, refuerza mejor la seguridad que siente en sí mismo. Si no está listo respeta sus tiempos, a medida que vaya madurando se dará cuenta de lo divertido que puede ser disfrazarse con la comodidad de no perder su identidad o sentirse ridículo.

ENSEÑAR A LOS NIÑOS QUÉ HACER. Herramienta de Disciplina Positiva

Fragmento del libro: Positive Discipline The First Three Years (Jane Nelsen / Cheryl Erwin / R. Ann Duffy)

“Los niños y niñas menores de tres años no entienden el “NO” de la forma en la que la mayoría de los padres pensamos que lo hacen. Una comprensión completa del “NO” tampoco se da mágicamente al cumplir los tres años. Es un proceso de desarrollo. El “NO” es un concepto abstracto para ellos, está en oposición directa a la necesidad de desarrollo de los niños pequeños de explorar su mundo para desarrollar su sentido de autonomía.

Pueden “saber” que no queremos que hagan algo, incluso intuir que obtendrán una reacción molesta de nuestra parte si lo hacen. Sin embargo no pueden entender “por qué” de la forma en que los adultos creemos que lo hacen. ¿Por qué otra cosa un niño o niña nos mira antes de hacer algo que “sabe” que no debería hacer, sonríe y lo hace de todos modos?

Alrededor del primer año de edad los niños inician en la etapa del “yo lo hago”. Cuando desarrollan el sentido de la autonomía, en oposición a la duda y la vergüenza. De los dos a los seis años desarrollan el sentido de la iniciativa, en oposición a la culpabilidad. Esta información nos sirve para entender que durante esta etapa de desarrollo, el trabajo de los niños es la exploración y experimentación. ¿Podemos imaginar lo confuso que es para ellos el ser castigados por hacer algo para lo que su naturaleza está programada (experimentar, explorar)?. Se enfrentan a un real dilema (a nivel inconsciente) “¿obedezco a mi papá o a mi impulso biológico para desarrollar autonomía e iniciativa para explorar y experimentar en mi mundo?

No significa que en estas etapas de desarrollo se deba permitir que los niños hagan lo que quieran, Esto nos explica por qué todos los métodos para obtener la cooperación deben ser amables y firmes al mismo tiempo en lugar de controlar y/o ser punitivos. Este es el momento en que la personalidad de nuestros hijos se está formando, todos queremos que nuestros hijos tomen decisiones sobre sí mismos y piensen “Soy competente, soy capaz, puedo intentar y cometer errores y aprender, soy amado y soy una buena persona”. Si intentamos que aprendan a través de la culpa y la vergüenza o el castigo, estaremos creando situaciones desalentadoras, que son difíciles de revertir en la edad adulta.

Debemos pensar que somos sus entrenadores y que les ayudaremos a aprender cómo hacer las cosas. También debemos ser observadores, que trabajan en el aprendizaje de nuestros hijos como seres humanos únicos. Nunca hay que subestimar la capacidad de un niño pequeño, por otro lado es bueno observar cuidadosamente cuando los acercamos a nuevas oportunidades y actividades y ver cuáles son sus intereses, lo que pueden hacer por sí mismos y en dónde necesitan de nuestra ayuda para aprender.

La seguridad es un tema importante a esta edad, es nuestro trabajo mantenerlos seguros sin dejar que nuestros temores los desalienten. Por esta razón, la supervisión es una herramienta de crianza importante, junto con amabilidad y firmeza mientras redirigimos o enseñamos a nuestros niños.”Enseñar a los niños qué hacer

* El Blog de Positive Discipline (Jane Nelsen): http://blog.positivediscipline.com/

* Nuestra Fan Page de Facebook: https://www.facebook.com/disciplinapositiva.emx

Conexión antes que Corrección

¿A qué nos referimos con esta herramienta de Disciplina Positiva?

Como hemos mencionado anteriormente, los niños se desarrollan y responden positivamente cuando se sienten conectados, las neurociencias comprueban que los niños aprenden y se desarrollan mejor cuando se sienten mejor (el sentido de pertenencia y significancia que nos enseñan Alfred Adler y Rudolf Dreikurs).

Muchos de los problemas y retos que enfrentamos padres e hijos, y que no sabemos cómo resolver, se deben a la falta de conexión. Diversos estudios muestran que no podemos influir de manera positiva en el comportamiento de un niño hasta que forjemos una conexión con ellos. A veces necesitamos detenernos en luchar contra el mal comportamiento y reparar o fortalecer primero la relación con nuestros hijos.

Cuando los niños presentan algún mal comportamiento los padres queremos saber qué debemos hacer para que nos escuchen, para que hagan las cosas, para que no peleen, para que no nos desafíen. Ante la impotencia y desesperación posiblemente gritemos, regañemos, volviéndonos autoritarios e implementemos castigos, o seamos permisivos y dejemos que todo pase.

Lo que necesitamos entender es que los remedios son secundarios, la relación con nuestros hijos y la conexión que sientan con nosotros es lo más importante, es lo que marcará la diferencia, en ella se sustenta el buen comportamiento.

La conexión crea una sensación de seguridad, confianza, apertura y cercanía entre padres e hijos. Sermonear, regañar, culpar, castigar, avergonzar crean conflicto, peleas, indiferencia y generan distancia.

La conexión efectiva se da cuando ambos, niños y adultos desarrollan un sentido de pertenencia y significancia. ¿Qué podemos hacer para favorecer una mejor conexión y comunicación con nuestros hijos?, aquí unas herramientas de Disciplina Positiva que nos pueden ayudar:

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Pasar un tiempo especial con ell@s. Saber que disfrutamos pasar tiempo en su compañía crea una gran conexión, es estimulante para ambas partes.

Escuchar. Con total atención, sin distractores, haciendo contacto visual y a la misma altura, ¿cómo te sientes cuando intentas hablar con alguien y notas que no te está escuchando o cuando intentas hablar y te interrumpen?, ¿cómo crees que se sienta tu hijo cuando intente comunicarse contigo y estés mirando el teléfono o pensando en otra cosa?. Esta práctica permitirá que te ponga atención cuando necesites que te escuche.

Hacer preguntas curiosas que ayuden a los niños a entender sus sentimientos, a explorar las consecuencias de sus decisiones en lugar de imponerles consecuencias autoritarias y no relacionadas con lo sucedido. Las preguntas sinceras abren el corazón y el cerebro racional: “¿qué pasó entonces?”, “¿cómo te sentiste?”, “¿qué fue lo que más te gustó/molestó?”.

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Validar los sentimientos de tus hij@s. Si está triste, enojado, preocupado. Validar sus sentimientos y ayudarle a reconocerlos poniéndoles nombre: “parece que estás molesto, ¿es así?”, “¿qué te hizo sentir así?”, “te comprendo, yo también me he molestado cuando…”. Todos nos sentimos conectados cuando nos sentimos comprendidos. Sin juzgar, burlarse o minimizar sus sentimientos, las emociones de los niños son tan reales como las nuestras, solo porque puedan entristecerse por el color de un vaso que les tocó, no quiere decir que sus emociones sean menos significativas o reales.

Comparte tus sentimientos y pensamientos cuando sea prudente. Recuerda que los niños te escucharán cuando sientan que también son escuchados. Comparte experiencias o anécdotas de ti.

Enfocarse en buscar soluciones CON l@s niñ@s después de un periodo de enfriamiento. Culpar y avergonzar daña la relación, es una pérdida de tiempo que sumerge en luchas de poder. Enfocarse juntos en cómo solucionar un problema invita a la cooperación, al respeto, a desarrollar pensamiento reflexivo. Los niños se sienten más dispuestos a actuar cuando participan en las soluciones.

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Sé firme y amable: La crianza autoritaria da poder, la crianza amable y firme da liderazgo, el liderazgo está por encima del autoritarismo y del poder porque inspira y motiva. Ser firmes es importante para mostrar respeto a nosotros mismos y hacia las necesidades que presenta la situación, la amabilidad es importante para mostrar respeto al niño.

Estimúlal@. Estimular no es alabar, concentrarse en sus esfuerzos más que en el resultado muestra a los niños que los valoramos incondicionalmente por quienes son más que por lo que puedan hacer, lo segundo desarrollará una necesidad de aprobación externa, de sentirse incapaces, que no valen lo suficiente o los queremos menos cuando “fallan”.

Cumplidos y agradecimientos: Hacerles saber lo que apreciamos de sus acciones nos acerca a ellos. Se sienten bien y aprenden a distinguir las buenas acciones cuando se les reconocen: “Aprecio que hayas dejado que tu hermana jugara con tu juguete. Sé es especial para ti, ella se divirtió. Gracias por compartir”.

Tomar los errores como grandes oportunidades de aprendizaje. No hay nada malo en equivocarse ni debe ser motivo de vergüenza, papá y mamá también se equivocan, el error enseña lo que podemos mejorar en el fututo. Es más fácil hacerse responsables de los errores cuando los vemos como oportunidades de aprendizaje.

Sé comprensivo cuando experimente las consecuencias de sus actos: Evita frases como “¿ya ves?”, “yo te dije”, “eso te pasa por”, “ya sabía, si me hubieras hecho caso”, recuerda, los errores son oportunidades, enfóquense en lo positivo y en qué puede aprender.

secure-attachmentRecuperación: (Reconocer – Reconciliar – Resolver). Reconocer nuestros propios errores es importante para hacerles saber que queremos ser los mejores padres que podamos por ellos. ¿Qué mejor manera de saber lo importante que sus sentimientos son para nosotros que con sincera disculpa por nuestro error, y una oferta para trabajar en una solución cooperativa, respetuosa?.

Abrazos. ¡Siempre hay momentos en donde todo lo que necesitamos es un abrazo!.

En Disciplina Positiva “corrección” tiene un significado distinto a lo que convencionalmente se entiende. La mayor diferencia radica en que la corrección convencional generalmente implica castigos (tiempo fuera punitivo, quitar privilegios, etc.). En otras palabras, la corrección convencional consiste en que los adultos le hagan algo a los niños. La corrección en Disciplina Positiva involucra respetuosamente a los niños siempre que sea posible, para encontrar soluciones conjuntamente.

Cuando existe conexión en tu relación con tus hijos, son más abiertos a una corrección respetuosa. Si la conexión con nuestros hijos es fuerte, estas herramientas funcionan muy bien. Si nuestra conexión es débil, estas herramientas ayudan a fortalecerla y a guiar el comportamiento de nuestros hijos.

A medida que fortalezcas la conexión con tus hij@s, notarás que por sí misma ayudará a ambas partes a resolver, autorregularse y corregir su propia conducta. Cuando hay una buena conexión entre padres e hij@s, habrá ocasiones en que no deberás corregir pues el niño o la niña estarán en calma y en control de sí mismo.

Disciplina Positiva

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué los niños no son como los de antes?

Captura¿Has escuchado o te has encontrado diciendo que los niños ya no son como antes?. Comentarios como: “antes los niños obedecían, se portaban bien y no rezongaban, había respeto”, ¿te suena familiar?.

En la actualidad llega a suceder que ante el comportamiento “malo” de un niño (incluso, ante un niño que está jugando o gritando de emoción), personas ajenas o de la misma familia meneen la cabeza, hagan algún gesto de desaprobación o digan en voz alta: “estos niños ya no se comportan como antes”, pero nos hemos puesto a pensar ¿por qué sucede esto? y sobre todo ¿por qué esperamos que se porten como antes?

Los tiempos han cambiado enormemente en los últimos años. Algunos de los factores que pueden dar explicación a esta pregunta incluyen: hogares destruidos, exposición excesiva a tecnología, niños más tiempo fuera de casa lejos de sus madres desde muy temprana edad, madres que tienen otras actividades, tiempos donde es necesario contar con dos ingresos, padres y madres solteras que tienen que buscar el sustento para cubrir las necesidades más básicas. Los factores pueden ser muy diversos.

El Dr. Rudolf Dreikurs tuvo una teoría que puede explicar de manera más clara la diferencia entre los niños de antes y los de ahora. Una de las grandes transformaciones es que los adultos ya no dan a los niños un modelo de sumisión y obediencia, los niños de ahora no actúan como los de antes porque tampoco los adultos de ahora actuamos como los de antes.

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En los viejos tiempos, lo más normal y socialmente aceptable era la obediencia, la sumisión, ya fuera desde el poder que ejercía el jefe al empleado o padre de familia, de este a la madre, de la madre a los hijos, del hermano mayor al menor; del padre hacia todos los miembros de su familia. En la mayoría de los casos lo que decía el padre era indiscutible e incuestionable, simplemente se hacía.

Los movimientos de Derechos Humanos contribuyeron a estos cambios de manera positiva. Grupos minoritarios participan activamente en defensa de sus derechos de igualdad y dignidad. Hoy en día es difícil comprender que alguien acepte un papel de sumisión así como indignante que una persona ejerza su poder o “autoridad” para someter a otros. Los niños siguen los ejemplos que les rodean y no se trata de insolencia sino de justicia e igualdad, también merecen ser tratados con dignidad y respeto.

Otro cambio que señalaba Dreikurs es que los niños tienen pocas oportunidades de aprender responsabilidad y motivación. En muchas ocasiones se les da demasiado en nombre del amor, se sustituye tiempo con obsequios que muchas veces ni siquiera piden o sin que hagan el menor esfuerzo para obtenerlo. El entrenamiento de habilidades se descuida o se evita (porque hay alguien más que lo haga por ellos, ya sea papá, mamá, algún familiar, la nana, etc.). Muchos padres no comprenden que el enseñar a los niños a contribuir les ayudará a desarrollar un sentido de la capacidad, de responsabilidad, de autonomía y de habilidades para su futuro. Los niños que crecen en ambientes demasiado estrictos o permisivos no desarrollan responsabilidad, esto se aprende cuando tienen la oportunidad de contribuir, de cooperar.

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Con estas dos grandes trasnformaciones, Dreikurs nos explica a grandes rasgos por qué los niños “no son como los de antes”.

Existe una creencia popular de que los niños de antes se portaban bien GRACIAS a que se les “disciplinaba” con una “buena nalgada o cinturonazo a tiempo”, hoy en día mucha gente piensa y justifica que ESE ES EL REMEDIO que necesitan los niños de hoy para ser “bien portados”, para ser “personas de bien y exitosas”. Resulta increíble que, en tiempos donde se denuncie la violencia hacia diversos grupos y especies, se justifique y promueva la violencia contra los niños como método de crianza o como un asunto de orden familiar con la frase “cada quien sabe cómo educa a sus hijos”.

El modelo de crianza “firme” (autoritario, punitivo) puede incluir malos tratos físicos, psicológicos, emocionales. Desde nalgadas, zapes, empujones hasta “cinturonazos” o cosas peores; palabras que hieren, humillan y minimizan… la lista es interminable.

Hay quienes dicen: “mucha gente pasó por eso y hoy están bien”, tal vez parezca que así es, no sabemos qué creencias hayan desarrollado de sí mismos y del mundo que les rodea al haber crecido de esa forma. También hay quienes aceptan que no fue la mejor manera y quieren cambiar patrones. La forma en que fuimos criados y tratados desde niños afecta a nivel inconsciente y a partir de ello generamos decisiones de vida también inconscientes, ello se refleja y repercute en nuestro día a día, en nuestra relación con los demás, con nuestra pareja, en el trabajo, en la sociedad, en todo lo que hacemos y en la forma en la que nos conducimos y percibimos.

“Una consecuencia del maltrato en la infancia es que cuando esos niños y niñas crecen, muchos de ellos no ven, no son conscientes que ejercer violencia, la naturalizan”… “Naturalizar la violencia es la principal vía de perpetuación de ésta …”

Álvaro Pallamares

    Psicólogo Clínico Infantil

No se trata de generar controversia, juzgar o culpar a los padres, sabemos que hicieron su mejor trabajo, ellos tampoco nacieron sabiendo cómo educar o que los métodos que seguían no eran los más adecuados, lo hicieron repitiendo patrones familiares generacionales; no se trata de dudar del amor hacia sus hijos pero también es en nombre de ese amor que muchas veces erramos.

“En la parentalidad no hay personas buenas o malas sino buenas o malas prácticas parentales, que favorecen u obstaculizan el desarrollo infantil”.

Gaudencio Rodríguez

Psicólogo y Psicoterapeuta

¿Estamos convencidos de que al pegarle a un niño aprenderá a no pegar?, ¿De que al gritarle aprenderá a no gritar?, ¿Que al decirle a todo que “¡NO!” aprenderá límites y responsabilidad?, ¿Qué aislándolo en una sillita aprenderá a reflexionar sobre lo que hizo mal?, ¿Qué al darle un premio o un castigo aprenderá a distinguir lo correcto de lo incorrecto y a auto controlarse?.

¿Qué pasará si tratamos de entender qué es lo que le motiva a comportarse de tal forma?, ¿qué pasará si en vez de ser punitivos o permisivos somos firmes y amables al mismo tiempo?, ¿qué pasará si en vez de decirle que NO a todo lo que haga le enseñamos lo que SÍ puede hacer?, ¿qué pasará si quitamos premios y castigos, y damos en cambio la oportunidad de desarrollar la responsabilidad y descubrir lo satisfactorio de hacer una buena acción o un logro sin buscar premios, sin temer al castigo o sin depender de una aprobación externa?, ¿qué pasará si en vez de callarlo lo invitamos a reflexionar?, ¿y si en lugar de hacer sentir mal a un niño para que se porte bien lo alentamos para que se sepa capaz, valioso, importante y lo invitemos a cooperar?, ¿qué pasará si en vez de enfocarnos en los problemas buscamos soluciones?, ¿qué pasará si vemos los errores como maravillosas oportunidades de aprendizaje?

Actualmente, a diferencia de “los viejos tiempos”, tenemos acceso a información y estudios valiosos que nos explican por un lado, los beneficios de la crianza con apego, de la crianza firme, amable y respetuosa, así como el daño que puede ocasionar el uso de la violencia física, psicológica o emocional (por mínima que parezca ser ante nuestros ojos) como método de crianza para el desarrollo de una persona. El uso de esos métodos puede detener de momento una conducta indeseada, pero a largo plazo desarrollarán otros tipos de conductas también indeseadas, ideas erradas de sí mismos, conductas de riesgo o auto destructivas, sumergiendo a padres e hijos en luchas de poder.

Los tiempos que vivimos no son como los de antes, valdría la pena hacer un ejercicio de reflexión para evaluar cómo esas transformaciones que mencionaba Dreikurs y los métodos de crianza han influido para la realidad en que vivimos, valdría la pena contemplar que necesitamos volver a tratarnos con respeto, incluyendo y sobre todo, a la niñez.

La teoría de Dreikurs nos explica los cambios, pero también nos muestra que el panorama es alentador, creando conciencia y al tomando acciones podemos compensar esos cambios, podemos prever y eliminar algunos problemas causados por hogares destruidos, entre otros. Siempre es tiempo de prepararnos para la tarea más importante: ser padres. Siempre es tiempo de re aprender de una crianza respetuosa que proporcione relaciones saludables en la familia, conexión, crecimiento físico, psicológico y emocional sano, cooperación, responsabilidad, auto-control, desarrollo de habilidades de vida.

En la medida en que sigamos perpetuando la mano dura como forma de crianza perpetuaremos también una sociedad dura, los niños imitan lo que ven. La forma en que los tratemos y criemos es como se comportarán con los demás y lo que darán a la sociedad. Formemos pues, parte del cambio que nuestros hijos necesitan para que el mundo donde vivan sea uno de relaciones más sanas, respetuosas y justas, si eso es lo que aprenden desde la infancia, será lo que promoverán y demandarán de adultos, los principios y herramientas de la Disciplina Positiva nos dan las herramientas para lograrlo.