CRIANZA RESPETUOSA EN PRÁCTICA: TRES EJEMPLOS

A menudo los padres dicen que tienen idea de la crianza respetuosa o positiva, pero no están muy seguros de cómo ponerla en práctica en las interacciones diarias. Como cualquier otra familia, tenemos momentos que son desafiantes o difíciles, así que aquí están tres ejemplos de cómo ponemos la crianza positiva en práctica:

niños

#1 EL CASO DEL “NO QUIERO”

Una mañana, mi hijo de seis años no dejaba de preguntar cuándo estaría listo el desayuno. No quería poner las servilletas en la mesa (es su trabajo de cada mañana). Empaticé con él a pesar de que yo tenía mucha hambre y me estaba enojando. Honestamente yo pensaba “son sólo servilletas, no te morirás si las pones”. En lugar de eso le dije: “No tienes ganas de poner las servilletas esta mañana, lo entiendo.. hmm”. Decidí entonces darle dos opciones: “Puedes poner las servilletas mientras lavo la fruta o podemos intercambiar puestos de trabajo por hoy”.

Él respondió: “No, no quiero hacer nada hoy”. Dije: “Todos tenemos un trabajo a la hora del desayuno, puedes elegir qué trabajo hacer o intercambiar conmigo y esa es mi oferta final!” (Lo dije con una sonrisa amable pero con un tono firme).  Él dijo: “Está bien, intercambiemos trabajos”

Mi hijo no estaba emocionado por intercambiar trabajos pero tampoco estaba enojado. Después de que terminó de lavar la fruta preguntó si podría cortarla y hacer una ensalada. Así que en lugar de discutir para que pusiera las servilletas, esto se convirtió en una interacción positiva.

¿Por qué funcionó?: Una vez que mi hijo se sintió incluido y capaz, la idea de hacer algo de trabajo antes del desayuno no fue tan abrumadora. Además, tuvo la oportunidad de elegir, de idear y ofrecer una solución. Sentir que se confiaba en él una tarea que normalmente era mía, lo hizo mucho más interesante.

#2 EL CASO DE LOS ZAPATOS PERDIDOS

Una mañana, todo mundo estaba listo para salir cuando vi a mi hijo de cuatro años sin los zapatos puestos. “¿Dónde están tus zapatos? Le pregunté, su respuesta fue: “No lo sé, no puedo encontrarlos por ningún lado”

“¿Estás bromeando verdad?, ¿cuántas veces….” No estaba gritando, pero no me gustaba la dirección que estaba tomando así que me detuve.

Tomé una respiración profunda y continué “Espera, vamos a empezar otra vez. ¿Dónde has buscado?” -“Uhmmm… debajo del sofá y en la zapatera, pero NO.. no había zapatos, tal vez el perro se los comió”. Lo dijo con una gran sonrisa. “Ok, vamos a buscar juntos, pero hagámoslo rápido para que no se haga tarde” le ofrecí.

Todos empezamos a buscar y entonces mi hija de dos años corrió hacia nosotros: “¡Los encontré, los encontré, mírame, encontré los zapatos!”. Los niños se dieron un gran abrazo. Antes de que pudiera decirle algo, mi hijo le dijo a su hermana: “Gracias Bella por encontrarlos” (realmente ese gesto derritió mi corazón) En el auto, le pregunté a mi hijo dónde pensaba que debía poner los zapatos al llegar a casa. A la mañana siguiente, los zapatos estaban en la zapatera, donde debían ir y no tuvimos problemas.

¿Por qué funcionó?. En vez de culpar o regañar sobre los zapatos perdidos, como originalmente quería hacerlo, me di cuenta de que en ese momento ofrecer ayuda a mi hijo de cuatro años era mucho más valioso que hacer sentir mal a todo el mundo por los zapatos perdidos, perder los ánimos o  el  tiempo. Además, al seguir con el tema en el auto, tuve la oportunidad de ofrecerle una corrección respetuosa sobre poner sus zapatos en el lugar que le corresponden.

#3 EL CASO DEL CASI COLAPSO EMOCIONAL

“¿Me compras esto Mamá?” Me dijo Bella un día en la caja del supermercado.

“Oh, se ven deliciosos, pero no cariño. Ya elegimos muchas otras cosas de la tienda, no voy a comprar esos”, “Oh…” Dijo ella con un hilo de voz y con unas lagrimitas a punto de brotar.

Intenté pensar desde su punto de vista… ¿quién puede resistirse a unos bombones de Hello Kitty?, son rosas, tienen la forma de Kitty, ¡se ven tan tentadores!. Pero no quiero comprarlos y NO voy a comprarlos. Tuve una duda interna de 10 segundos. Gracias tienda por ponerlos justo ahí donde mi hija de dos años puede verlos y babear por ellos. En serio creo que es cruel, dos años de caminar por la tienda, todo lo que ve son rodillas peludas y Bam!… dulces en la caja, no es de extrañarse que lo quiera, ¡se ven tan buenos!

Me arrodillé a su nivel y le dije “¿Desearías que te los comprara para que te los puedas comer todos?”, -“no, Mamá, me gusta el gato, no comer, abrazar al gato”… -“Oh, ok, entonces quieres abrazarlo y luego volverlo a su lugar?” le pregunté -“Sí mamá”…. Uhm. Un desastre potencial a la vista si decide no soltarlo.. uhmmm.. es el plan, ok, lo tengo.

-“Oye, ¿qué tal si abrazas al gato, luego lo ponemos en su lugar y le das al cajero la tarjeta de la  tienda?, fue un alivio que aceptara y entonces, seguimos nuestro plan.

¿Por qué funcionó? En lugar de exigirle a mi hija que alejara sus manos del dulce, tomó sólo un momento ver las cosas desde su perspectiva. Además, darle a mi hija una tarea específica por hacer para después de abrazar al gato hizo mucho más fácil la transición de alejarse de las garras de la dulce gatita.

A veces puede parecer que la ruta de la crianza respetuosa o positiva implica más tiempo o que requiere demasiada paciencia, siendo una mamá ocupada con tres hijos te puedo prometer que no tengo un montón de tiempo ni paciencia infinita… lo que más me motiva es que cuanto más practicamos la crianza positiva, más fácil se vuelve, surgen menos conflictos y sé que mis niños están aprendiendo habilidades muy valiosas como aprender a escuchar, cooperación, resolución de problemas y la autorregulación.

P-O-S-I-T-I-V-E-P-A-R-E-N-T-I-N-G


Traducido del artículo Positive Parenting in Practice: 3 examples escrito por Ariadne Brill de Positive Parenting Connection 

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